lunes, 25 de febrero de 2013

-mórfosis

Primero fui un nombre extraño
Luego un sueño inacabable
Después una realidad sin metáfora
Finalmente
solo quedé convertido
en voluntades truncas
Ganas que se quedaron
en tu boca, en tus manos y en tus pies.

viernes, 11 de enero de 2013

In the pendizarse

En Magdalena hay muchas locas y viejas solitarias sin nadie a quien dejar sus casas. Luego, esas serán terrenos preciosos a la vista de las constructoras: Magdalena pasará de ser un suburbio playero de un solo piso a una ciudad cosmopolita, neoyorquina, rascasideral.

Shangai quizás alguna vez fue un sitio más honesto -no lo sé- solo sé que me gusta ver el mar y el cielo en la noche, ver los aviones viajando del Callao hasta Nueva York. Mirarlos desde abajo, sentirme pequeño en la noche e intentar alcanzarlos con los pensamientos, dibujar tu cuerpo con palabras porque no hay forma más sincera de tenerlo presente pues tu cuerpo, como los aviones, pasan demasiado rápido por la mirada.

Sin embargo, yo miro los aviones el poco tiempo que me es permitido verlos hasta que se vuelven un puntito entre las estrellas, en mi memoria.

Porque si Nueva York es ´nueva´ por sus rascacielos, su carencia de viejas locas solitarias y por recibir vuelos internacionales, quizás Magdalena aún guarda algo de salvación en tener un poco de la Antigua York, un poco de tu aroma en sus esquinas y el cielo lleno de puntitos de luz.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Halle "x"

Apatía es
un peso al incorporarse por la mañana
que te mantiene atado a la maraña de sábanas
Levantarte sin un motivo real
que te mantenga en vela
que te haga suspirar
Te vuelves inapetente
comer es mecánico
-Coches, sonidos, fiestas-
Todo sigue igual

Tus ojos asoman una vez más por la sábana
Nada cambió

Toca levantarse,
ducharse,
comer,
salir,
ganar un lugar en la naturaleza
-un espacio-
con tu sudor
Un lugar que no tiene esencia
que sin motivo real
es inapetente
Solo es una variable
en un problema matemático para escolares

jueves, 26 de julio de 2012

vrartes


¿Saben lo que es insoportable? Es aquello que no podemos detener. Algo que se mueve rondando nuestras espaldas con aliento entrecortado pero constante. La idea de la cotidianeidad me envuelve en un torbellino de linderos que se combinan en una serie de líneas sin consistencia, se tornan figuras deformes que sugieren caos y  obnubilación, y cuando más lo espero, me embarga en una sensación de auténtica locura, una feroz creencia en que no podré soportarlo más. Lo insoportable se vuelve aquello que sé no podré controlar y que se repetirá una y otra vez como el goteo incesante de una grifería mal cerrada. No se detendrá, en la noche, en el día, todo seguirá. ¿Mañana quizás parará? No, y lo sé muy bien.

El clima hostil arremete contra mi piel que se vuelve de gallina, se eriza como un gato a punto de atacar, el sueño se disipa entre la neblina del frío, la desesperación comienza a susurrarme locuras al oído: “grita, salta, araña,  golpea, quiebra, rompe, mira, odia, mata”. Desde mi boca se puede oír una respiración forzada, un gemido no placentero producto de lo que se desarrolla en mi mente. Mis manos sudan, mi espalda suda, soy un ser sudante. Mis venas se llenan de sangre y se marcan en mi frente, en mis brazos. “Mañana acabará” me dice mi perdido yo anterior que ya ha sido devorado por la impotencia, por la frustración, por mi yo insoportable. Aquel que todo odia, que todo envuelve en una misma palabra, aquel que genera juicios sobre las cosas. “No existen actos morales, solo juicios morales sobre los actos” lo oí de algún lado. Hoy tomo una decisión y pretendo darle fin a un acto, sea moralmente bueno o no, solo hacerlo para que, a partir de él, se genere un nuevo derecho, nuevas reglas: no voy a soportar nada más todo lo que me agobia, ten suerte, porque hoy yo seré el insoportable.

miércoles, 2 de mayo de 2012

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La bruma y el frío te cubren, te refugias en el autobus que pasa raudo por la avenida. La gente va tan incomoda por la ciudad que ahí es cuando te dan ganas de conseguirte un auto propio, una casa propia, algo propio. Pasa lento el tiempo cuando no hay nada que hacer, moviéndote de un lado al otro, peleando por asientos, jadeando con los golpes. Te entretiene ver las sombras cambiar en el respaldar del asiento, te entretiene ver las luces de neón de los restaurantes, siempre te entretuvo ver las casas y adivinar qué pueden tener dentro. Qué habitaciones, qué muebles, que diseño, quiénes viven ahí, si tendrán una hija soltera, de esas que salen en las páginas sociales, aquella que siempre buscas en una gran fiesta entre la multitud ebria, entre los cabellos, entre los pasos baile, hasta encontrarla en un rincón, al parecer indefensa, solitaria, con esa aura que te hace pensar que hoy necesita algo diferente. Te acercas a paso lento, no sabes qué decir exáctamente, pero de pronto se ve sumergida en los cariños de otro mucho mejor que tú que le lleva un trago, y claro, ahí te preguntas en quién le puede decir que no con esa cara, quién le puede decir que no con esas tetas, quién te puede decir que no ... no... no.. Señor , no, no me ha pagado aún. Pasaje, por favor.